El Triángulo de las Bermudas continúa siendo hoy un gran misterio. En capítulos anteriores hemos hablado de las desapariciones de barcos y aviones.
Esta semana lo haremos de uno de los casos más asombrosos que han tenido lugar: Un submarino nuclear se volatizó cuando navegaba por esa zona.
Hay que diferenciar que no todas las desapariciones que tienen lugar en el Atlántico se pueden achacar a las misteriosas fuerzas que actúan en el Triángulo de las Bermudas.
Por ejemplo, en casi todos los libros que se ocupan del Triángulo de las Bermudas se cita el submarino Scorpion como desaparecido en la zona en mayo de 1968. Sin embargo, esto no es correcto, porque el submarino se hundió lejos de los límites del Triangulo. No se puede poner todo en el mismo saco, igual que también tiene que quedar claro que no todas las desapariciones responden a extrañas causas, algunas explicaciones bien simples: fallos mecánicos, las inclemencias del tiempo… Lo que debe llamar nuestra atención es que sigue habiendo muchos casos inexplicables. Uno de ellos es el de la desaparición del submarino nuclear USS Tresber en el norte del Triángulo, a 200 millas de la costa de Nueva Inglaterra.
Ni sombra del submarino
El Tresher era el orgullo de la Armada. En él, se reunía lo más avanzado de la ciencia y la tecnología naval. Tenía una dotación formada por hombres especializados, entrenados con el máximo rigor, preparados para reaccionar ante cualquier emergencia. Aquel fatídico día, realizaban una inmersión de prueba para demostrar sus magníficas facultades. Pero algo sucedió, poco después de las nueve de la mañana de aquel 10 de abril de 1963, que la experta tripulación fue incapaz de resolver.
El USS Skylark, una unidad de apoyo en aquella expedición, recibió a las 9:13 horas el siguiente mensaje: “Experimentamos pequeñas dificultades. Les mantendré informados”.
No se sabrá jamás cuáles eran las dificultades con las que se encontró. Cuatro minutos después, se captó en el Skylark un confuso mensaje, Sería el último. Al telegrafista le pareció entender “profundidad de prueba”, que señalaba el límite de inmersión máximo. Algo parecía atraer irresistiblemente al enorme submarino hacia el fondo, sin que pese a su potencia pudiese librarse de aquella maléfica atracción.
La poderosa Armada norteamericana movilizó todos sus recursos en una gigantesca operación de búsqueda y salvamento que se inició aquel mismo día. No obstante, la enorme profundidad impedía utilizar las técnicas habituales de rescate y salvamento.
La intensa búsqueda
Sólo había un pequeño submarino científico capaz de descender hasta donde se creía que yacía el Thresher. Se trataba del Batiscafo Trieste, obra del profesor Auguste Piccard y perteneciente a la marina americana.
Mediante cámaras de televisión submarina se localizaron los primeros restos del naufragio. Era el momento de que el Trieste entrara en acción. Este pequeño submarino estaba constituido por una esfera de acero resistente de 7 centímetros de grosor, con capacidad para tres hombres, y un flotador sobre ella repleto de gasolina, más ligera que el agua de mar. Avanzaba muy lento, sin sobrepasar los dos nudos. Finalmente el Trieste estuvo dispuesto para iniciar la búsqueda del submarino.
En la superficie, era una tarde fría y desapacible. El cielo estaba encapotado. Bajo el mar, todo estaba tranquilo. El Trieste navegaba lentamente, escrutando el fondo. Sus potentes faros iluminaban una llanura gris y fangosa.
Cuando las baterías estaban a punto de agotarse y el batiscafo se disponía a emerger, uno de sus tripulantes, el comandante Donald L. Keach, vio un objeto amarillento: Era una funda de plástico para zapatos. Aunque casi habían alcanzado el límite de su resistencia, los bravos marineros decidieron acercarse más a la funda. Estaba doblada sobre sí misma , ocultando a medias unas letras.
-Echa un vistazo, dijo Keach a uno de sus compañeros. Parece una S…S…N…
-Más un 5, añadió su compañero. SSN-5… ¡La matrícula del Thresherera SSN-593!
Poco después aparecieron otros restos, materiales ligeros que estaban esparcidos por el fondo. Luego encontraron fragmentos rotos y retorcidos de metal. Todo indicaba que, en cualquier momento corrían serio peligro de colisionar con el inmenso submarino hundido. Pero las baterías estaban casi agotadas. Las hélices apenas se movían y los focos daban una luz mortecina. No había más remedio que emerger.
El Trieste hizo 10 inmersiones más en el lugar del supuesto naufragio. El THRESHER NO APARECIÓ. Era como si el gigantesco submarino se hubiera esfumado y a su paso hubiera olvidado algunos materiales: trozos de papel, tuberías retorcidas por alguna fuerza espantosa, parte del equipo de sonar, una pureta de un compartimento estanco y una enorme botella de aire comprimido, de dos toneladas de peso, que se había clavado literalmente en el lodo del fondo y que el Trieste pudo fotografiar. Pero del inmenso submarino, nada de nada.
El tribunal de Encuesta de la Armada, que se ocupó de la desaparición del Thresher, no halló jamás una explicación satisfactoria. El enorme submarino nuclear se había desvanecido, con todos sus hombre
Fuente: Expedientes Secretos