Con sólo mencionar su nombre, un escalofrío nos recorre la espalda, y es que el Triángulo de las Bermudas continúa siendo hoy un gran misterio. Las desapariciones de navíos en la zona se remontan a varios siglos atrás, pero aún hoy barcos, submarinos, incluso aviones, siguen sin dejar huellas, Según algunos investigadores, detrás de todo esto se oculta la acción de los ovnis.
Llegó el siglo xx y con el, la era de las telecomunicaciones. Los barcos empezaron a llenarse con equipos de radio, de manera que se podía saber en todo momento por qué lugar del océano navegaban los navíos. Sin embargo, eso no ha impedido que los barcos sigan desapareciendo en el Triángulo de las Bermudas.
En 1918, se desvaneció el primer buque equipado con transmisor de radio, el Ciclops,
Un barco carbonero de 19.000 toneladas. Desde entonces, han sido alrededor de un centenar los barcos que no han regresado de su travesía por esta enigmática zona.
En ocasiones, antes de perderse para siempre la pista, los navíos han lanzado mensajes de auxilio. Es el caso del barco japonés Raífuku Maru que en abril de 1925 emitió una desesperada llamada por radio. Una voz frenética gritaba: ¡ Es como una daga ¡ Aprisa, vengan. ¡ Vengan, por favor no podemos escapar ¡. Después no se oyó más que un siniestro silencio. El mensaje fue captado por otros barcos que navegaban con la mar en calma por el Triángulo, pero nada pudieron hacer para salvar al mercante japonés.
Los fenómenos naturales no sirven para explicar estas desapariciones. Si se redujera a eso el misterio, ¿ cómo es posible que se hayan encontrado bardos sin tripulación pero totalmente intactos y en orden, incluso con la comida humeante en la mesa o a punto de servirse ¿ En estas extrañas circunstancias, fue hallada la goleta Carroll A. Deering en enero de 1921. Los únicos seres vivos a bordo eran dos gatos. Todo apunta a que la tripulación fue obligada a desembarcar. En relación a esto, el investigador Ivan Sanderson señala algo muy interesante: En estos casos de desapariciones se suele observar que, mientras perros, gatos, canarios y otros animales que no articulan palabras permanecen en los barcos y los loros, cuya particularidad parlante es bien conocida, parecen haberse desvanecido en el aire. ¿ Están los “ secuestradores” interesados en investigar nuestra forma de comunicarnos ¿ ¿ Acaso intentan aprenderla ¿
Fuerzas desconocidas
La lista de barcos de pasajeros y de carga que han desaparecido es impresionante.
Muchos de ellos parecen haberse desvanecido en el aire, sin dejar ningún rastro de su paso en la superficie del agua, ni maderas, ni botes, ni cadáveres.
Sin duda, detrás de estas desapariciones se esconde la acción de un extraño fenómeno, tan fulminante e inesperado que ni los propios ocupantes de los barcos pueden percibir lo que se les viene encima y avisar del peligro.
No se reduce a esto el enigma. Al cabo de un tiempo, algunos de esos buques vuelven a aparecer, sin tripulación, errando por el mar, como ocurrió con La Dabama. En agosto de 1935, se comunicó la presencia de un buque fantasma en las cercanias de las Bermudas.
Cuando los hambres del Aztec lo localizaron y subieron a bordo. Hallaron gran cantidad de comida y agua, y los botes salvavidas intactos. Al llegar a su destino, Inglaterra, supieron con asombro que un trasatlántico italiano había rescatado a la tripulación de La Dabama, varios dias antes de que ellos descubrieran el barco abandonado.
Les informaron también de que desde el trasatlántico todos habian visto cómo la goleta se hundía … ¿ Como podía ser entonces que continuara navegando ¿ ¡¡¡ Alguna extraña fuerza la habia sacado del fondo del mar y la tripulaba ¡!!
“ Piratas “ de otro planeta
La experiencia del capitán Don Henry en 1966 en el Triángulo de las Bermudas es una evidencia más de que “algo “ no identificado actúa en esta zona. Henry, dueño de una compañía de salvamento de Miami, se hallaba a bordo del remolcador Good News, que arrastraba un buque de carga. De repente, el capitán sintió un gran estruendo, miró el compás: el aparejo estaba como loco, giraba sin explicación. El capitán supo que estaba a punto de pasarle algo, algo tremendo.
Perdió de vista el horizonte. No se podía ver nada más allá de la proa. Algo, fuera lo que fuese, arrebató toda la energía de los generadores. El buque que remolcaba no era visible porque estaba cubierto por una especie de espesa nube y rodeado de un fuerte oleaje.
El capitán ordenó acelerar, pero nunca parecía que algo frenara el avance de su nave. Por fin, lo consiguió. En el otro extremo del cable, totalmente tenso, no se veía absolutamente nada. El capitán empezó a tirar con todas sus fuerzas de aquel cable que se introducía en la única zona del océano donde había niebla y fuerte oleaje. El empeño del capitán tuvo su fruto: El buque remolcado apareció al final de la cuerda. Según las declaraciones del capitán, recogidas por Charles Brelitz, “nos daba la impresión de que estábamos en un lugar o en un punto que alguien o algo deseaba ocupar y que alguien o algo quería conducirnos a algún sitio diferente de aquel al que íbamos”.
Pero no sólo han desaparecido barcos cargueros, sino también barcos de pasajeros o pequeñas embarcaciones de recreo. Aunque según algunas opiniones el fenómeno se explicaría como simples actos de piratería, la diversidad de estos barcos y de sus cargas parecen contradecir esta hipótesis. Aparentemente, no tiene ningún sentido que los piratas, al menos como nosotros los entendemos, secuestren a las tripulaciones de los barcos y dejen a bordo todo el posible botín.
A no ser, que se trate de piratas de otro tipo y con otros fines: Tal vez, seres procedentes de lejanos lugares del cosmo cuyo interés no está en nuestras pertenencias, sino en nosotros mismos.